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14 años sin López: ¿A qué te podés acostumbrar?

Escrito por el 18 septiembre, 2020

Se cumplen 14 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, un valiente que escribió en infinitos papeles sueltos el horror que transitó durante la última dictadura. A propósito del aniversario de su desaparición, en Raíces, entrevistamos a Guadalupe Godoy, abogada que lo acompañó como querellante en los juicios por crímenes de lesa humanidad en La Plata y actual abogada en la causa por la desaparición de López.

14 años sin lopez

El mural ya es parte de la vista cotidiana de quien recorre el centro de la ciudad. Los números avanzan cada 18 de septiembre, no frenan. La gigantografía emplazada en la esquina de 7 y 48 este año rezará: 14 AÑOS SIN LÓPEZ – ¿A QUÉ TE PODÉS ACOSTUMBRAR?.

Guadalupe Godoy se alegra por teléfono al saber que las preguntas formuladas por Raíces no tiene que ver con la causa de la -segunda- desaparición de Jorge Julio López: «siempre cuesta cada vez más responder esa pregunta porque cada vez tiene respuestas escuetas», dice mientras suspira.

«López fue mucho más que una causa -afirma Guadalupe-, así que está bueno poder recordarlo como testigo y querellante, y caso en ese juicio que fue el primero», luego de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (leyes de impunidad) en 2003.

Justicia Ya fue un colectivo de organismos de derechos humanos y abogados militantes, querellantes, con un protagonismo muy fuerte de las y los sobrevivientes de la última dictadura, del que Guadalupe Godoy formó parte en la causa contra el ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, Miguel Etchecolatz.

Para Godoy, López es «El viejo». Nilda Eloy, sobreviviente y testigo de la causa «le decía así porque ella tenía 19 y él 46 cuando los secuestraron así que yo también le decía así», cuenta la abogada, y agrega que cuando desapareció por segunda vez le costaba «el ‘Jorge Julio’ porque para quienes lo conocíamos como testigo y querellante, era y es El viejo López».

«López no iba a las audiencias del juicio contra Etchecolatz salvo cuando hacía falta que fuera», comenta Godoy. El día que Jorge Julio declaró por primera vez fue el 28 de junio, una semana después del inicio de las audiencias, y «fue a todos los reconocimientos de los centros clandestinos donde él había estado: comisaría 5ta, Arana, y comisaría 8va», recuerda.

Ese 28 de junio declaró junto a la sobreviviente Adriana Calvo, integrante de las asociaciones de detenidos-desaparecidos: «Una persona que ha sido fundamental en la lucha contra la impunidad en nuestro país, desde el día que declaró por primera vez en el juicio a las juntas, en adelante», cuenta Godoy.

El militante peronista y albañil -quien vivió, hasta su desaparición, en Los Hornos- siempre declaró con orgullo que defendía a las organizaciones políticas: «Yo cooperaba con los Montoneros, yo se lo digo derecho, yo no me saco la venda de los ojos. Cooperaba con ellos porque fueron los únicos valientes que le hicieron frente a 240 mil tipos, entre ellos policías, soldados, marinos, prefectura, gendarmería«, afirmó en su primer testimonio.

Durante ese testimonio López estaba «tranquilo y quería que estuviera Etchecolatz presente», comentó Godoy. Si bien eso no sucedió, y «lo dejó rezongón», el testimonio de él fue muy emocionante para quienes se encontraban presentes: «Sobre todo para la familia de Patricia Dell’Orto y Ambrosio de Marc, porque López, además de dar testimonio por él lo daba por ellos que también eran caso en el juicio», aclaró Guadalupe.

«López, ¡pare de recordar!» fue lo que dijeron, a modo de chiste, en la comisaría 5ta cuando el testigo fue al reconocimiento del lugar donde estuvo secuestrado; ya que el secretario que tenía el acta no había llegado, y aun así «López seguía narrando y contando lo que había sucedido», recuerda la abogada.

«Durante los reconocimientos también estuvo muy activo, muy presente tenía mucho para decir y había tenido antes pocos espacios para poder ser escuchado», comenta Godoy, quien lo describe reafirmando una frase que utilizó López para finalizar su testimonio: «Todo lo que necesiten de mí: un servidor».

LA SEGUNDA DESAPARICIÓN

La segunda desaparición de Jorge Julio López, hace 14 años, fue el día en que se leían los alegatos contra Etchecolatz en el Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata. Había quedado con su sobrino Hugo Savegnago, para que lo pasara a buscar por su casa en Los Hornos, sin embargo afirman que salió de su casa antes, sin dejar rastros.

«Es un día que quedó en nuestro recuerdo con emociones mezcladas», comenta Guadalupe, ya que fue la primera vez que «el movimiento derechos humanos podía pedir justicia, y en el caso nuestro pedíamos que se condenara a Etchecolatz por el delito de genocidio».

El mismo día en que se comenzaba a culpar judicialmente a los genocidas en nuestro país, el colectivo de abogados, abogadas y organismos de derechos humanos tuvieron que salir a plantear un Hábeas Corpus por la ausencia de «El viejo López».

Según Guadalupe Godoy, «Adriana Calvo, Nilda Eloy y toda la Asociación de ex-detenidos desaparecidos tuvieron la claridad necesaria para, esa misma noche, afirmar que el compañero estaba desaparecido« nuevamente.

Foto: Agduba

Esa mezcla de emociones permanece entre los militantes abogados que fueron parte de los juicios, y de la causa por la segunda desaparición de López: «Es constante la búsqueda de justicia y el reclamo para evitar una nueva impunidad», afirma Godoy.

En cuanto a los responsables del paradero de Jorge Julio, la abogada explica que «en su momento consideramos, y lo seguimos haciendo, que había que investigar a los sectores que querían impedir la continuidad de los juicios, y a los sectores de la policía bonaerense, que en ese momento estaba tratando de impedir profundas reformas institucionales que querían llevarse adelante».

Asimismo Godoy afirma, conforme pasan los años, que la querella y los organismos de derechos humanos siguen pensando lo mismo: «los hechos que han sucedido este último tiempo denotan que todavía es algo pendiente la necesidad de la democratización de las fuerzas de seguridad en todo el país».

Mientras el micro frena en esa esquina para bajar pasajeros; el vendedor ambulante vende un sanguche a una trabajadora apresurada; mientras entran al edificio de 7 y 48, hay quien se detiene en el mural, lee la pregunta atentamente y piensa: yo no me quiero acostumbrar.


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