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Metalfonsinismo

Escrito por el 26 junio, 2020

Por Leo Fusero

El 23 de Mayo, la empresa de alquiler de vehículos Hertz se declaró en quiebra en Estados Unidos. Cuando una empresa hace esto en situación normal, el precio de sus acciones caen a cero. Ahora no. Sus acciones subieron más del 1470%. La empresa está yendo a la quiebra y sus acciones pasaron de $0,40 a $6,28 en algo más de una semana. De hecho, Hertz está a punto de emitir nuevas acciones por valor de mil millones de dólares. ¿Por qué alguien compraría acciones de una empresa oficialmente en bancarrota? La respuesta es: porque los bancos centrales imprimen montañas de dinero y lo dan casi gratis a los financistas para comprar cualquier pedazo de basura que flota en la bolsa de valores. Nunca antes el mundo del dinero, es decir, los mercados monetarios, que incluyen los mercados de acciones, ha estado tan desconectados del mundo de las personas reales, de las cosas reales, de la economía real. Las caídas del PIB estimadas son catastróficas en todos los países, los ingresos personales, los salarios, los ingresos de las empresas, las empresas pequeñas y grandes, colapsan mientras el mercado de valores se mantiene relativamente indemne. Es la zombificación completa de las corporaciones. Los gobiernos y los bancos centrales pueden mantener a flote a las corporaciones incluso cuando no venden casi nada en el mercado. La impresión de dinero del banco central mantiene los precios de los activos muy altos mientras que el precio de las “cosas” y los salarios caen.

Esta desconexión puede seguir creciendo. Los bancos centrales y los mercados automatizados pueden mantener a las corporaciones funcionando sin clientes ni trabajadores pero esos mismos mercados automatizados no pueden comprar las cosas que producen. Entonces, este no es un equilibrio estable. Las pérdidas en los ingresos de las personas se acelerarán llevando a una deflación global. Solo el Estado, con un férreo control sobre las entidades financieras puede revertir la situación, pero la respuesta de las clases políticas en Latinoamérica, o es paupérrima, o es indignante. En Argentina los bancos ganaron $26.600 millones de pesos solo en los primeros tres meses del año. Su principal fuente de ganancias fueron las Leliqs, mismo instrumento que utilizó Macri para transferir ingresos de las clases trabajadoras al sector financiero especulativo y que aún hoy sigue gozando de buena salud. La situación se agrava si se piensa que estamos atravesando una pandemia y que más de ocho millones de personas fueron obligadas a sobrevivir 100 días con solo $10.000 pesos. Que el mecanismo de enriquecimiento de las clases dominantes financieras siga vivo mientras la población cae en pobreza a un ritmo descontrolado solo demuestra que la clase política vive en la misma desconexión con la realidad que los mercados financieros. El paso en falso del gobierno argentino con Vicentín tiene aristas de esa desconexión. Si se va a atacar el núcleo del poder real era evidente que se tenía negociado con los jefes de bloques aliados y opositores la aprobación de la ley de expropiación, o se tenía preparada una campaña de comunicación bien potente que demuestre los desfalcos de la empresa hacia el Estado, llevando a la opinión pública a un apoyo masivo que no permitiera la negativa a la aprobación de la ley en el congreso, o de mínima se tenía un fiscal con el pedido de prisión preventiva para los dueños de la empresa listo y firmado. Ninguna de las tres cosas estaba prevista. El proyecto de ley ni existe ni fue discutido, el presidente recibió a los delincuentes que poseen la empresa y un juez de primera instancia de un pueblo que nadie puede colocar en el mapa se cargó un decreto presidencial con rango de ley. Semejante apuro y desprolijidad de profesionales de la política puede tener una explicación en la negociación de la deuda externa. Sorpresivamente, la propuesta de oficial de pagar U$S 32 dólares por lámina de 100, oferta que el presidente declaró como única y no modificable pasó a un atractivo U$S 52. Pero no contentos con esto, los fondos de inversión presionan para que los cupones de duda estén atados a las exportaciones, o sea, que se pague más si la Argentina exporta más. La forma de transparentar la cantidad real exportada por el sector más dinámico de la economía argentina es teniendo control sobre una empresa insignia. Solo de esa forma tiene algún sentido el improvisto, desorganizado y fallido anuncio de expropiación: se hizo bajo presión del mismo sistema financiero.

El socialismo para la oligarquía y la austeridad para la mayoría, al final, alimentan cada vez más a la ultraderecha racista, que promueve una alianza entre los poderosos y la clase obrera reaccionaria descontenta. Ejemplos a la vista en el banderazo contra la expropiación, donde lúmpenes y terratenientes de macetas vociferaban junto a los dueños de la empresa. Modificar la tendencia de un país que tendrá la mitad de su población bajo la línea de pobreza, la mitad de sus PYMES destruidas, al menos 70 % de sus niños de menos de 14 años en la miseria y tasas de desempleo que rozarán el 20% requiere de medidas fuertes, pensadas, organizadas y ejecutadas con coraje, cualidad que evidentemente no posee un presidente que no vino al mundo para cambiarlo, un jefe de gabinete con estampa de boludo finamente gasificado y un gabinete compuesto por malabaristas que aún no han entendido que en política se va por el bronce o por la plata, nunca por los dos metales al mismo tiempo.

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