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Historias de la mujer en la Resistencia. Parte I

Escrito por el 13 diciembre, 2010


Por Mónica Oporto


Tantas mujeres y tantos hombres anónimos para la historia todavía hoy, algunos lograron dar su testimonio y compartirlo, otros quizá no. Si algunos han muerto, aun nos quedan muchos que van dejando sus vivencias a partir de aquel año 55 en que desorganizadamente primero y luego con cierta organicidad se lograba dar forma a un movimiento de resistencia al antipueblo. Los años más duros indudablemente fueron los del gobierno de Aramburu, pero de gran entrega por parte de los compañeros que comenzaban a organizarse, a reconocerse en silencio -en aquel silencio del 4161 aplicado a partir del 9 de marzo de 1956- demostrando que ESTABAN AHI, que no los habían vencido ni torcían su voluntad.
Otro hito de extrema dureza contra estos compañeros en resistencia fueron los años de Frondizi con la aplicación del Plan CON.INT.ES.


Cada compañero fue, en sí, una unidad de resistencia. Escribieron la historia y mantuvieron un legado.
Elegí algunas historias de la resistencia, sabiendo que hay mucho más por investigar, por escribir porque es necesario guardar esa memoria.


«Manuel Vigo …narra sus experiencias de un año en la resistencia hasta caer preso, nombra a María Elena Márquez (maestra), a Delia Vennini, a Alicia Terrari, a Juana Améndola, a Haydée Longoni, a Nefer ROsello, a Elvira Bazán. Estas mujeres trabajaban en la Capital Federal. Vigo, que había formado los ´Comandos Coronel Perón´ en 1956, traza la semblanza de algunas combatientes del pueblo peronista que valen como ejemplo de tantas otras: Porota, a quien me referí someramente, fue lamás eficaz de las colaboradoras entre todas las abnegadas mujeres con quienes trabajé en Buenos aires. No obstante los apremios económicos porque atravesaba su familia (Porota había quedado cesante en su cargo de maestra), trabajó sin descanso en la organización con una entrega sin límites.


Actuó a mi lado sin cejar un solo instante, ni poner horario, hasta que cayó detenida. Servía de enlace y llevaba en la memoria toda la organización de los comandos. Jamás conocí otra person que como ella me contestase al instante qué colectivo, ómnibus o tranvía había que tomar para llegar a determinado punto de la ciudad o del Gran Buenos Aires (Vigo venía de Santa Fe). Su discreción, responsabilidad en el trabajo, actividad y reserva, corrían parejos con su fe peronista. Pocas veces encontré una mujer que como ella, reuniera tantas condiciones e hiciera menos ostentación de sus valores. … A muchas mujeres se les habían confiado tareas especiales, como obtener medios de movilidad, casas para reuniones clandestinas que se hacían por centenares cada día, alojamiento para los dirigentes perseguidos o que debían pasar a la clandestinidad, recursos, etc. Servían también de enlace y para diversas otras tareas. Tareas a simple vista sencillas, pero que exigían mucha dedicación y solían ser las más penosas … El trabajo de las mujeres fue adelantando rápidamente y a medida que crecían en extensión, las instruíamos políticamente, pues no las utilizábamos en forma mecánica, sino que en cada reunión donde se planteaban los trabajos y se daban los correspondientes informes sobre la situación política y los problemas del momento, teníamos por norma obligar a que cada compañera dijese algunas palabras a fin de que fuesen perdiendo el temor y concluir con la práctica, tan común, de que unos pocos lleven la voz cantante y los demás se limiten a escuchar y obedecer. De este modo fueron surgiendo cuadros que al cabo de un tiempo pasaron a ocupar cargos de mayor responsabilidad, transformándose algunas en auténticas dirigentes. Compañeras que al principio no abrían la boca y había que arrancarles la palabra con tirabuzón se revelaron después como cuadros excelentes».


La acción política femenina en esta etapa llegó a tomar formas francamente insólitas, como la de retar a duelo a algún gorila desmadrado, adoptando armas del campo enemigo para devolver agresiones Hubo dos casos que fueron muy comentados. Uno ocurrió en la provincia de Jujuy, nada menos que en la Cámara de Diputados provincial. Fue en 1959. Un representante de la UCRI, partido que había ganado las elecciones gracias a los votos peronistas, «Ofendió en su moral» a la diputada Teresa Mesquida, electa por el Partido Laborista Federal …La diputada Mesquida cruzó el recinto y quitándose su guante de cabretilla negra, golpeó al ofensor en ambas mejillas. Luego le envió a sus padrinos dándole la ventaja de elegir las armas. Reunidos los padrinos y de acuerdo con el código de honor caballeresco, determinaron que Teresa no podía batirse por sí, sino que debía asumir su representación un pariente de sangre de sexo masculino. Le tocó la responsabilidad a un anciano tío. Entonces el diputado de la UCRI, abrumado ante el escándalo promovido, retrocede, pide trabajosamente la palabra en la Cámara y se retracta de lo dicho, disculpándose. Ante las preguntas del periodismo curioso por saber cómo había adoptado tan extemporánea actitud, Teresa Mesquida respondió que no los había hecho ´por mi honor sino por la lealtad hacia la investidura que le pueblo me otorgó».
seguiremos con otras historias.


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