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La semana de siete lunes

Escrito por el 3 julio, 2020

Por: Leo Fusero

Cuando en Diciembre del 2018 Macri visitó la República Popular de China, la cancillería de ese país lo agasajó con un informe sobre lo fructífera de las relaciones comerciales entre ambas naciones. El regalo chino tuvo que ser ocultado por la diplomacia argentina, ya que en dicho informe se contabilizaban U$S 1.900 millones de dólares más de exportaciones de granos de los que la Argentina declaraba oficialmente. Esa es una fracción de la cosecha que se vende en negro, no paga impuestos en el país y genera el faltante de dólares que ahorca el desarrollo nacional. El dato solo viene a refrendar una de las verdades económicas de la nación: es por las barrancas del Paraná, por los catorce puertos en manos de cerealeras extranjeras por donde el país se desangra.

Solo un torniquete rápido y efectivo puede evitar el desastre final de una economía que se desplomó un 26,4% en abril, record histórico. Jamás el Indicador de Actividad Económica había marcado un desastre de semejante magnitud, que hace recordar con ternura la crisis de diciembre 2001. El derrumbe de abril llegó a superar los observados tras el estallido de la convertibilidad. La utilización de la capacidad instalada de la industria fue de apenas el 42%. Todos los rubros finalizaron en baja, pero son dramáticas las caídas de la construcción (86,4%) y de restaurantes y hoteles (85,6%). El cuatrimestre acumula un descenso del 11% del producto, derrumbe apocalíptico que no es exclusivo de la Argentina. La semana anterior, el FMI pronosticó una contracción global del 4,9% para 2020 y ubicó a la Argentina como el sexto país más golpeado por la crisis internacional, con una caída probable de 9,9%. Pero no todos son perdedores en esta semana de siete lunes perpetua. Los bancos ganaron $ 76.000 millones en el primer semestre del año, $34.000 millones durante la cuarentena. Incluso estando cerrados, sin atención al público ni giro comercial, ganaron sumas siderales gracias a los intereses que le paga el Estado, lo que evidencia otra verdad de la Argentina: los bancos son parásitos estatales, no cumplen ningún rol social de interés para la comunidad y solo vampirizan el trabajo argentino. Están tan desconectados de la economía real que pueden ganar dinero incluso cerrados. Las ganancias del sistema financiero son las tragedias de las familias que les deben. Solo considerando el llamado crédito no bancario, el de las financieras del tipo Efectivo Ya,  las familias argentinas acumularon durante la pandemia deudas por más de $100.000 millones a tasas que superan el 200 % anual de interés. El Banco Central cumple religiosamente con el pago de intereses a los bancos y se hace el repelotudo con el funcionamiento de estas cuevas financieras que pertenecen a esos mismos bancos.

El cipayaje puede aprender de sus amados Estados Unidos como se sale de esta crisis. Elizabeth Warren, profesora de derecho en Harvard, no precisamente una seguidora del chavismo ni de la guerrilla urbana, y candidata nominada a las primarias demócratas de 2020, acaba de hacer pública la creación, por primera vez en los Estados Unidos, de un auténtico impuesto federal sobre las fortunas. Apoyado por los mejores constitucionalistas, la proposición Warren atribuye un impuesto del 2% a las fortunas comprendidas entre cincuenta y mil millones de dólares y de un 3% más allá de los mil millones. El proyecto igualmente prevé una exit-tax: si ante el impuesto una persona elije dejar el país y abandonar la ciudadanía estadounidense se le cobra un 40% de impuesto sobre su patrimonio. El impuesto se aplica a todos los activos, sin excepción alguna, con sanciones disuasivas para las personas y gobiernos que no transmitan las informaciones adecuadas sobre activos que se tienen en el extranjero.

Los americanos saben de esto. Entre 1930 y 1980, el impuesto aplicado a los ingresos más altos en los Estados Unidos fue de un 81% de media, y el aplicado a las herencias más altas fue del 74%. Es una obviedad decir que no se destruyó el capitalismo estadounidense, muy al contrario. Lo hizo más igualitario y más productivo. Estados Unidos no olvida que era su progreso educativo y la inversión en formación lo que estaba debajo de su prosperidad, y no la religión de la propiedad y de la desigualdad. La ola neoliberal que comenzó con Reagan, siguió con Bush y tiene su apoteosis en el imbécil de epidermis naranja ha tratado de destruir este legado. Han dado la espalda a los orígenes igualitarios del país, apostando por la amnesia histórica y atizando las divisiones identitarias. Conseguido el retroceso, entre 1980 y 2020, el crecimiento de la renta nacional por habitante fue la mitad comparándolo con el periodo 1930-1980. El escaso crecimiento ha sido capturado por los más ricos con la consecuencia de que han sufrido un completo estancamiento los ingresos del 50% de los más pobres. Si la situación es catastrófica como el saldo de una guerra hay que seguir el ejemplo de los países que superaron esa situación aplicando una multiplicidad de impuestos excepcionales sobre la propiedad inmobiliaria, profesional y financiera con vistas a saldar las deudas públicas, como lo hicieron Japón, Alemania, Italia, Francia. Cobrados una sola vez, las tasas aplicadas sobre los patrimonios privados más elevados alcanzaron frecuentemente entre el 40% al 50%, o más.

Creer que los odiadores históricos, la oligarquía y los empresarios de la alta burguesía parasitaria argentina van a tener comportamientos patrióticos es ridículo. En su discurso más aberrante desde que asumió la presidencia, Fernández calificó de modelo de empresario nacional a Marcelo Mindlin, le agradeció que no haya subido las tarifas de electricidad y gas durante la pandemia y elogió sus inversiones, sin mencionar que su nombre encabeza la lista de fugadores de divisas con 1.600 millones de dólares, que blanqueó 44 millones de dólares en 2017, acto que lo confiesa evasor a gran escala y que figura como comprador de la empresa familiar de los Macri, IECSA, pero la investigación del fiscal Franco Picardi determinó que la venta fue simulada y que Mindlin es socio de los Macri en una compañía offshore establecida en el Estado norteamericano de Delaware.  Al revés de lo expresado por Fernández, Mindlin es el arquetipo de la basura prebendaria argentina, ejemplo de los que pudieron alcanzar posiciones monopólicas u oligopólicas que casi ningún otro país les hubiera permitido tomar y que hoy son un problema estructural de nuestra economía y una amenaza para la democracia. Las telecomunicaciones, los servicios de Internet, los servicios públicos en general, la distribución de alimentos y productos esenciales, la producción del aluminio de sus envases y el acceso a la información transcurren en estructuras centralizadas y corporativas que limitan el desarrollo de la economía, empeoran la distribución del ingreso y amenazan la vida en democracia.

Superada la pandemia vendrá el derrape económico mundial y Argentino. En ese momento, cuando lo que importe sean los intereses sectoriales y políticos, la famosa unidad va a crujir y varios se desayunarán con la novedad de que un rosquero contumaz con simpatía por el peronismo no es lo mismo que un peronista y que es suicida que una comunidad, en su momento más trágico, aplique la lógica de gestión del radicalismo alfonsinista: pensar que la mitad de los problemas no tiene solución y que la otra mitad se arreglan solos.


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