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Desmadre

Escrito por el 5 mayo, 2020

Por: Leo Fusero

La explosión del precio del dólar paralelo demuestra que la mega crisis que está sufriendo el país recién comienza a vislumbrarse. Muchos analistas le erran al biscachazo si creen que esta mega crisis va a resolverse vía demanda. De esta tragedia no podrá salirse solo imprimiendo y regalando dinero, esta es una crisis de oferta. Explicar el salto descomunal de la cotización del billete americano es bastante sencillo. Al imprimir dinero, los sectores sociales en emergencia compran productos esenciales para la vida, o sea alimentos. Pero el precio de los alimentos es decidido por pocas empresas, que al ver aumentar su demanda aumentan los precios. En un país donde tres empresas tienen 91% de la facturación total de aceites, el 98% de gaseosas, el 86% de azúcar, dos empresas controlan el 100% del jugo en polvo, el 98% de las cervezas, el 82% de la harina, y el 91% de los artículos de limpieza y cuidado personal, y una sola empresa tiene el 78% del mercado de la leche, el 83% de los embutidos y el 81% de los fideos, es evidente que al ver aumentar la demanda aumentan los precios. Ese excedente de renta lo dolarizan para fugarlo, como históricamente hicieron los grupos concentrados. Es ese exceso de renta que busca dolarizarse lo que empuja el precio hacia arriba.  

El otro sector con liquidez para presionar sobre el dólar son los Bancos. Al ver que la tasa de interés de la que se amamantaron parásitariamente por años tiende a la baja, deciden no colocar sus excedentes en nueva deuda y compran dólares, presionando el precio del billete al alza. El tercer sector que tiene excedentes para dolarizar es el campo. Al ver que el tipo de cambio sube, y que Italia, España y China salen a comprar alimentos desesperadamente, evitan vender sus cosechas esperando que el precio de los alimentos aumente, o mejor, exportarla, así se hacen de dólares o euros directamente.

Ante esta encrucijada, la salida parece ser una sola. Tomar el control de los resortes básicos de la economía. Si no se controla la producción de alimentos, el comercio exterior y el sistema financiero, todo conduce al desmadre absoluto. Si se imprimen 1 billón de pesos y no se controla los mercados monopólicos u oligopólicos, hay hiperinflación. Si se sigue permitiendo la libre movilidad de capital, dejando que los Bancos presionen sobre el dólar al permitirles la transfugueada financiera llamada Contado con Liqui, hay hiperinflación. Si no se garantiza el abastecimiento de alimentos, hay saqueos. Cualquier mente poco brillante puede sacar rápidas conclusiones del desastre que implica la combinación pandemia + hiperinflación + saqueos. Pero paradójicamente, los grupos concentrados de alimentos, el campo y el sistema financiero son los tres sectores que el gobierno se niega a disciplinar. Los empresarios de alimentos se le plantan con los precios al propio Ministro de Desarrollo Social, no se tiene ni de cerca la idea de aumentar las retenciones para evitar la especulación con el precio de los productos de campo evitando el desabastecimiento, y los Banco privados se niegan a pagar jubilaciones, dar créditos baratos e incluso solicitan avales al gobierno en caso de darlos.

La Argentina no puede darse el lujo de perder una generación entera por no tocar ni un solo derecho de los sacrosantos dueños de todo. El país viene descartando generaciones por más de cuarenta años, condenando a sus niños a una vida infame. El Observatorio de la Deuda Social realizó un informe en 2017/2018 sobre la situación de la infancia en los aglomerados urbanos de la provincia de Buenos Aires. El 50% de los niños están expuestos a contaminación (fábricas, basurales, quemaderos o plagas), carecen de algún servicio (desagüe, vereda, pavimento, recolección de basura o alumbrado público). Más el 40% no tiene cloacas, gas natural y tiene dificultad para acceder al agua potable. El 44% padece déficit en infraestructura básica de subsistencia (calefactor, ventilador, colchón, heladera o cocina). En las barriadas humildes el 86% declaró sentirse inseguro en las calles. Para peor, todos esos datos son pre-pandemia, con lo que es dable esperar que la generación que ya estaba sumida en condiciones miserables, sea directamente arrojada a la cloaca de la historia.

La pandemia solo desnudó el colapso del sistema neoliberal capitalista. Incluso en su cuna, los Estados Unidos. En Queens, Nueva York, la tasa de pobreza es del 22%, el 64% de los habitantes no pueden sostenerse sin ingresos por más de tres meses. La idea del teletrabajo ni allí es factible ya que de toda la fuerza laboral americana, solo el 16% de los hispanos y el 19% de los negros pueden trabajar desde casa, al contrario del 30% de los blancos.

Seamos claros. El enemigo ayer, hoy y mañana, es el sistema financiero. No por nada, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos, uno de los padres fundadores de la nación y  principal autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, escribía en 1802 “Yo creo que las entidades financieras son más peligrosas para nuestras libertades que un ejército en armas. Si el pueblo americano permitiera alguna vez que los bancos privados controlen la emisión de moneda circulante, primero a través de la inflación y luego por la deflación, los bancos y las corporaciones que crecen a su alrededor despojarán al pueblo de toda propiedad hasta que nuestros hijos despierten un día sin hogar y desamparados en el continente que sus padres conquistaron”.


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