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Lo Cortés no quita lo Valiente

Escrito por el 29 mayo, 2018

La columna semanal de «Economía en Cartón: detrás del humo del choripan» con Leo Fusero para El Bondi de la 88. 


Por ley del 19 de agosto de 1822 se facultó al gobierno a negociar “dentro o fuera del país” un empréstito (préstamo)  por “tres o cuatro millones de pesos”. El objetivo de la deuda era construir un puerto en Buenos Aires, fundar tres ciudades, levantar pueblos en la frontera con el indio y dar agua corriente a la capital. El 28 de noviembre una nueva ley aumentó el monto a endeudarse a cinco millones de pesos y aclaró que “solo podía solicitarse en el extranjero”. En enero, el ministro García entregó la negociación que le confería la ley a un consorcio formado por ingleses y criollos. Dentro del grupo criollo estaba Juan Pablo Sáenz Valiente. El empréstito fue negociado con la Casa Baring de Londres por un millón de libras, que luego de los descuentos y comisiones quedaron reducidas a $560.000, de las cuales llegaron poco más de $120.000 al Río de la Plata. La casa Baring, en vez de libras, envió notas de crédito contra comerciantes ingleses. El metálico pedido a préstamo se transformó en créditos que el país tenía para comprar en Londres, y solo en Londres, a los precios y condiciones que los ingleses desearan. El poco dinero que arribó al país no se utilizó para financiar a San Martín que en Perú intentaba terminar la guerra de la independencia, mucho menos para liberar el Uruguay, provincia Argentina, de la invasión brasilera. Tampoco se hizo ni el puerto ni se fundaron ciudades ni se trajo el agua corriente a la capital. Pero Sáenz Valiente se hizo millonario, con comisiones cercanas a las $120.000 libras, monto muy superior al que San Martín solicitaba para independizar América. El Estado Argentino pagó catorce veces el monto de la deuda, hasta cancelarla en 1.904.
El Foreing Office inglés debió haber sincronizado muy bien sus trabajos ese año, ya que  México, Lima, Santiago de Chile, Bogotá y Buenos Aires habían votado leyes de endeudamiento con finalidades distintas pero por montos muy similares e iguales condiciones de garantía. En el caso criollo las garantías eran “todas las tierras de la nación”. Prudentemente Rivadavia anexó a esa garantía “el subsuelo”, ya que poco tiempo antes, en secreto, habría vendido las minas de plata de Famatina a los ingleses.
El sello familiar Sáenz Valiente puede encontrarse en toda la historia nacional. Uno de los Sáenz Valiente se casó con Amalia Lacroze, quién luego de separarse pasaría a ser señora de Fortabat. Un socio del estudio Sáenz Valiente fue elegido por el Ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, para su equipo económico, como subsecretario de Coordinación. Un histórico del estudio, Martínez Vivot, fue ministro de Defensa del dictador Reynaldo Bignone mientras José María Sáenz Valiente ocupaba un importante cargo en Papel Prensa. El mismo estudio asumió apasionadamente la defensa de la dictadura llegada la democracia. La relación del estudio Sáenz Valiente con el Grupo Clarín no se limita a ser su estudio jurídico de cabecera. Uno de los Sáenz Valiente es socio de la empresa dueña del departamento que habita Héctor Magnetto, que ahora podrá decorar con los cuadros que los mismos abogados han conseguido retirar de la casa de Víctor Hugo Morales por el juicio que el Grupo Clarín tiene contra del periodista. Si falta un detalle más a la familia es que el encargado del área de informática del estudio Sáenz Valiente y Asociados, Gerardo, es hermano de Diego Lagomarsino, quién le prestó el arma con que Nisman decidió despedirse de este mundo. No puede negarse que aquellas libras comisionadas por el antepasado Juan Pablo al empréstito de la Baring dieron sus frutos. 
Hernán Cortés invadió México con 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y unos 200 indios y negros como auxiliares de tropa. Llevaban 32 caballos y  10 cañones de bronce. Nunca hubiese podido conquistar México sin la ayuda de  grupos indígenas locales,  ya que el imperio azteca tenía 7 millones de habitantes y solo su capital, Tenochtitlán, 300.000 habitantes. La traición de los locales y la violencia despiadada hicieron su parte del trabajo. La viruela hizo el resto. La conquista de América por los ingleses fue más sutil y tuvo el glamour del doble apellido como Sáenz Valiente o Martínez de Hoz. El lugar de la viruela lo ocupó la deuda.


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