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Argensiria

Escrito por el 31 julio, 2018

La columna semanal de «Economía en Cartón: detrás del humo del choripan» con Leo Fusero para El Bondi de la 88.

La Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia Occidental estima la pérdida económica total causada por la Guerra Civil Siria en USD 237.000 millones de dólares. Antes del conflicto Siria era un país de desarrollo medio con un PBI per cápita que era la mitad del argentino, 11% de pobreza y 20% de desempleo. Hoy es un conjunto de ruinas que requeriría 4 veces su PBI del 2011 para poder reconstruirse. El origen de su tragedia es el estar geopolíticamente ubicada donde se cruzan los intereses rusos, americanos y europeos. Eso la condenó. La tormenta de la Primavera Árabe había arrastrado antes a Libia. En una nota al Wall Street Journal en el 2011 el entonces candidato Donald Trump indicaba que solo le interesaba Libia “si podía llevarse el petróleo, sino, no me interesa”. No esgrimía razones humanitarias para intervenir en la guerra civil de Libia, salvo la rapiña de sus recursos. A no ser que se haya bautizado mormón sin que el mundo se entere, no hay razón para creer que una vez electo presidente sus intereses hayan cambiado. De allí resulta inverosímil la razón esgrimida de “bases humanitarias” para la instalación de bases del ejército norteamericano en Argentina, país que no está en guerra civil, al menos declarada. Las “razones humanitarias” se vuelven más ridículas si se analizan las zonas donde la US Army pretende instalar sus batallones del amor. En su proyecto de máxima, el Comando Sur pretende instalar cuatro bases en el país, localizadas en la Triple Frontera, Salta, Neuquén y Ushuaia.  
Para la Triple Frontera, la razón esgrimida es el “terrorismo y el narcotráfico”. En su gira por los Estados Unidos en Febrero, Patricia Bullrich anunció el compromiso de instalar una “task force” (fuerza de intervención) en la provincia de Misiones con el objetivo de combatir el narcotráfico y el terrorismo, grupo similar al que ya opera en Salta. Si quisiese combatir el narcotráfico debería ir a Rosario, y para combatir el terrorismo debería escuchar los alegatos en el juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA. Lo que esconde la presencia americana en Misiones es su interés en controlar el Acuífero Guaraní,  un gigantesco reservorio natural de agua dulce que se extiende por debajo de la superficie de parte de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Se trata de una de las mayores reservas de agua dulce conocidas del planeta. Por su volumen, es el tercero en importancia a nivel mundial.  La ONU profetiza que en 2025 la demanda de agua potable será el 56%  más que el suministro, lo que llevó a Ismael Serageldin, ex directivo de la Sociedad Mundial del Agua, y también ex vicepresidente del Banco Mundial a afirmar que “las guerras del siglo XXI serán por el agua”. La base militar sería una llave de acceso político y militar a la región amazónica, muy apetecida por el Comando Sur, tanto es así que la primera hipótesis de guerra del ejército brasilero es una” guerra  asimétrica en la jungla amazónica; eso es una guerra contra una potencia muy superior” como declaró el ex Secretario de estado para Asuntos Estratégicos del Brasil, Roberto Mangabeira Unger. Si la guerra sería con una potencia muy superior (EE.UU), en la jungla (Amazonas), nada mejor que entrenar sus comandos en Vietnam, donde suele enviar anualmente a un grupo de oficiales.
El “task force” antinarcóticos de Salta tiene un pie puesto en el «triángulo del litio”, la cuarta reserva probada mundial del mineral, detrás de Bolivia, Chile y China (algunos rankings la ubican tercera). Salta tiene 120 proyectos de exploración: 51 en litio, 45 en metales y 36 en otros tipos de emprendimientos, incluida la mina de Lindero, a cargo de la empresa Mansfield, que desarrolla la planta de litio más grande del mundo. Detrás del litio está el auto eléctrico que requiere 2000 baterías de un teléfono celular (10.000 si se trata de un Tesla o autos eléctricos más avanzados), lo que ha llevado a duplicar el precio del litio, proceso que continuará dada la voluntad política de eliminar los autos con combustible fósil. Daniel Meilán, secretario de Minería de la Nación, recalcó que la política a seguir es solo extractivista, sin ningún desarrollo de las baterías en el país, ya que pedir que el país no exporte mineral sino baterías con alto valor agregado es “populismo puro, porque el desarrollo tecnológico no se compra en un kiosco”. Para agregarle cipayismo, el gobierno de Macri ofrece a las multinacionales explotadoras del mineral el congelamiento por 30 años de algunos impuestos como Ganancias, además de la quita de retenciones para el sector. Esas condiciones son la base del boom del litio, mineral que abunda y puede obtenerse incluso del mar, pero el costo de hacerlo en Argentina al no pagar impuestos y no tener retenciones lo hace apetecible. En criollo, depredar las reservas del país para producir a bajo costo mientras se conservan reservas estratégicas para cuando las locales se hayan agotado. La Forestal, pero tecnologizada.
El apuro norteamericano por instalarse en Neuquén tiene otro matiz. Además de controlar Vaca Muerta, la segunda reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional, China les ganó de mano, con la instalación de la base en la zona desde la cual monitorea con antenas toda la actividad satelital del cono sur. Sin grandes explicaciones y corriendo el riesgo de perder la clásica neutralidad argentina en las contiendas mundiales, el gobierno de CFK permitió dicha instalación, que puso en alarma al Comando Sur, que tiene a China como principal enemigo. Tampoco abundó en republicanismo el acuerdo secreto con Chevron, ex Stándard Oil, para la explotación del yacimiento. Como vuelta del destino fue un geólogo norteamericano, Charles Edwin Weaver, quién trabajando para la Stándard Oil en 1931 descubrió el yacimiento. La misma YPF indica en su página que Vaca Muerta  “permite en algunos casos el uso de perforación vertical, con lo que se reduce significativamente los costos de extracción y mejora la viabilidad económica para la extracción de estos recursos”, lo que vuelve financieramente más apetecible su explotación replicando el caso del litio.
Ushuaia tiene dos condiciones de interés para el imperio. La primera el control estratégico del estrecho de Magallanes. Combinada con la base inglesa en territorio argentino denominada Malvinas, permite un control del cono sur indispensable en la guerra sorda en que están embarcados los poderes mundiales. Pero a su vez permite un dominio sobre la Antártida. El ex secretarío de Estrategia y Asuntos Militares Ángel Tello expresó que «es posible avanzar en la cooperación antártica. Queremos que la ciudad de Ushuaia se convierta en una base logística para apoyar las tareas científicas en la Antártida” por lo que fue eyectado del ministerio. Para el Macrismo las cosas importantes se hacen en silencio. La Península Antártica está protegida por el Tratado Antártico -suscrito en 1959 y refrendado por el Protocolo de Madrid que rige hasta 2041- que prohíbe la explotación de sus recursos naturales a menos que sea con fines científicos. Además de poseer grandes depósitos de minerales valiosos, los científicos han encontrado allí yacimientos de carbón y se estima que en su plataforma continental hay importantes reservas de petróleo y gas. El diario británico The Guardian aseguró que el Reino Unido buscaría ampliar sus derechos de soberanía sobre el lecho marino que rodea una vasta porción de territorio Antártico que reclama como propios. Esto le permitiría explotar un área de aproximadamente un millón de kilómetros cuadrados. Que los imperios están dispuestos a conseguir a balazos los recursos antárticos apenas concluido el Tratado, si es que esperan la fecha, está demostrado por la Operación Highjump de 1946, la mayor fuerza militar expedicionaria que los Estados Unidos haya enviado a la Antártida hasta el presente, compuesta por 13 buques, 4700 hombres y numerosos aparatos aéreos. Tenía entre sus objetivos entrenar personal militar y probar material en condiciones de frío extremo para una eventual guerra en el Ártico. En 1952, militares argentinos hicieron disparos de advertencia sobre un grupo de británicos. La respuesta del Reino Unido fue enviar un buque de guerra que desembarcó el 4 de febrero infantes de marina. En 1953 Argentina inauguró en la isla Decepción el refugio Teniente Lasala, quedando en él un sargento y un cabo de la Armada Argentina. El 15 de febrero desembarcaron 32 royal marines de la fragata británica HMS Snipe armados con ametralladoras Sten, rifles y gas lacrimógeno apresando a los dos marinos argentinos. El refugio argentino y un cercano refugio chileno deshabitado fueron destruidos.
Todo esto parece escapar a los responsables amarillos de la defensa nacional, cuyas hipótesis de conflicto no son recuperar territorio argentino en mano de ingleses sino el narcotráfico y el terrorismo. Si es cierto que la patria es “la tierra y los muertos”, la patria está en peligro. Su tierra está siendo explotada. Los muertos los pondremos nosotros.


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