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Una piña llena de vida

Adios Mundo Cruel 9 April, 2020

Leo Fusero nos trae el potente relato del encuentro del Loco Chávez con Astiz en plena dictadura, la piña que le valdría una leyenda y su encuentro con La Renga.

 

Quince años tiene el Loco Chávez cuando comienza a militar en la Unión de Estudiantes Secundarios. Es del conurbano, pero estudia en el Carlos Pellegrini. Sus padres ni siquiera son peronistas, pero al Loco lo empujan los vientos de la historia, en ese tormentoso año de 1973. Cuando cambien, los mismos vientos van a dar con sus huesos al Vesubio primero, a Devoto y la Unidad 9 de La Plata después. Lo sueltan en el ´79. El Loco se refugia en Bariloche. No conoce a nadie, y es justamente lo que necesita. Cuanto menos gente conozca menos probabilidad de que lo buchoneen y lo chupen de nuevo. Se casa rápido. Tiene hijas rápido. Una mañana del ´81 lo ve a Videla parado en una esquina del Centro Cívico. Tiene unas ganas irrefrenables de ir y tirarle una piña, pero se reprime. Fajarlo a Videla en el ´81 era firmar su propia sentencia de muerte. Piensa en su mujer. En su hija pequeña. Se hace guardaparque. Labura en el Llao Llao. La mañana del primero de septiembre del ´95 va manejando su camioneta por la ruta que bordea el lago, como todos los días. La figura de un hombre en traje de esquiador caminando a la vera de la ruta le llama la atención. Mira. Vuelve a mirar. Se conmueve. No puede ser. ¿Será él? Es muy parecido. La figura queda en el retrovisor. El Loco mira fijo y se estremece. Pero, ¿qué hace el hijo de puta de Astiz caminando por Bariloche? No puede ser él. El loco tiembla, da vuelta en U y encara. Pasa al lado de la figura aún más despacio. Sí, es él. Se baja y deja la camioneta en marcha. ¿Vos sos Astiz?… Si, ¿vos quién sos?. La respuesta del Loco viene en formato puño, que se estrella contra la nariz de Astiz. Antes de que se pueda recuperar, el Loco le ensarta soberana patada en los huevos. Astiz cae, el Loco se le abalanza y comienza a fajarlo en el piso. Le da con todo, con bronca, con angustia de años, con los nudillos de los compañeros muertos, con el brazo agotado por la tortura, hasta que un amigo, que justo pasa por la ruta, ve la secuencia y los separa. Lo mete en su auto y lo lleva a la casa de un compañero. ¿Qué hiciste Loco? Si bien el país lleva doce años de democracia, saben que fajarlo a Astiz no va a ser gratis. Entienden que lo mejor es dar a conocer la historia, para protegerlo. Llaman a una radio comunitaria, Radio Mascaró, como el libro de Conti. Otro compañero llama a su tía, que milita en Madres de Plaza de Mayo. Le cuenta la historia. A las dos horas suena el teléfono. Es Hebe. “Quedate en una casa segura que yo voy mañana para allá, hacemos un acto y blanqueamos la historia ante los medios nacionales, porque te van a matar”. Al otro día, en la plaza, Hebe sostiene con una mano un micrófono y con la otra al Loco. La foto sale en todos los medios nacionales. Hebe cubre con su cuerpo al Loco y el Loco se salva. Todos los años, el primero de septiembre, se juntan ahí sus amigos y compañeros, al costado de la ruta, en el punto exacto donde el loco lo fajó a Astiz, para conmemorar su hazaña. En el verano del 2005 el loco sigue laburando de guardaparque. Ve un flaco con pinta de hippie en la playa del Llao LLao. Se acerca y se sorprende. Es el Tete, el bajista de La Renga. No se sorprende de encontrar al Tete, se sorprende de que el Tete sepa quién es el Loco. Es leyenda. Está más emocionado el Tete de conocer al Loco que el loco de conocer al Tete. Se quedan chamuyando al costado del lago. “Este año de cumplen diez años”, dice el Loco. “Entonces tenemos que venir”… El primero de septiembre del 2005, al costado de la ruta, donde hay una plaquita que lo recuerda, donde el loco llenó su puño de vida y le arrancó un poco de justicia al mundo rompiéndole la jeta al Ángel Rubio de la Muerte, en el kilómetro cuatro, ahí, donde lo abrazó Hebe…tocó La Renga.