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El amigo duerme

Adios Mundo Cruel 23 July, 2020

Por: Leo Fusero

“El Presidente está durmiendo y pidió no ser molestado”. Del otro lado de la línea la respuesta llega como un cachetazo frío y definitivo. Llamarlo a Aramburu era el último intento desesperado de Dora por salvar la vida de su marido, el General Valle. Aramburu y Valle se conocen. Fueron compañeros de promoción en el Colegio Militar. Valle fue el primer promedio de su curso. Aramburu el último. Incluso han compartido algunas vacaciones familiares. Cuando Perón pensó en pasar a retiro a Aramburu fue Valle el que intercedió por él y consiguió que lo nombren General. Pocos años después Aramburu le devolvería el favor fusilándolo.

 

Valle está preso en la cárcel de Las Heras. Le permiten ver a su mujer y a su hija pequeña. A su mujer le entrega cuatro cartas. Una para ella, otra para su madre, una para su hija y otra para Aramburu. Susanita, su hija, llora desconsoladamente.  El General la besa en la frente. “Si derramás una sola lágrima no sos digna de llamarte Valle”. Entra un oficial: “es hora”. Valle les da un último beso y se da vuelta. Camina tranquilo. Uno de los milicos se quiebra y vomita. La carta que le envía a Aramburu se hace pública. “Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado…..Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía”

 

Susana no crece sin padre, porque “ellos lo fusilaron, pero yo me lo llevé en el corazón”. Se convertirá en militante activa de la resistencia peronista. Fue mensajera de Perón durante su exilio en Caracas y en Madrid. Ingresa a Montoneros luego de que la guerrilla ajusticie a Aramburu en un sótano de William Morris. Con el golpe de 1976, escapa y se refugia en Córdoba. Es detectada por el III Cuerpo de Ejército y enviada a prisión. Está embarazada de siete meses. Lleva mellizos en su vientre. Los milicos la mantienen esposada a una camilla de mármol en la morgue de un hospital. La picana eléctrica le provoca el nacimiento prematuro de sus mellizos. Uno nace muerto y se lo colocan sobre su pecho; al que nació vivo, lo pusieron a la vista pero lejos de su alcance para que lo vea morir de hipotermia. Al padre de los niños también lo matan.

 

Susana Valle vivió los últimos años de su vida en la extrema pobreza. Sin casa propia, sin obra social, sin pensión de ningún tipo. Nunca aceptó un cargo político. En 1999, amparándose en la Ley 24.043, solicitó reparaciones económicas en razón del tiempo que estuvo detenida. Pero dicha demanda fue rechazada; se adujo que no había manera de comprobar el lapso que duró dicha privación de libertad. Un año más tarde hizo otro pedido en relación con la muerte de su padre (Ley 25.192), beneficio que tampoco le fue concedido, ya que se argumentó que faltaba una declaración judicial que determinara que era heredera del General fusilado. Murió el 3 de septiembre de 2006. En su cuerpo encarnó como en ningún otro esa historia colectiva y trágica que se denomina Argentina.