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Coser los labios

Leo Fusero 13 August, 2020

Por: Leo Fusero

Al verla nadie piensa que Pepa es española. Su tez oscura la denuncia africana. Pero nació en Barcelona. A pesar de nacer y vivir en Europa, su ser más africano fue mutilado. No recuerda nada de aquel horror, pero admite que siente rabia al pensar que fue otra mujer quien se lo hizo. Sufría tantas hemorragias, que su madre la llevó a un hospital. Gracias a eso, la policía intervino, aunque sus padres no fueron a prisión. Desde entonces la justicia hace revisiones periódicas a sus hermanas para controlar que no sufren ningún tipo de mutilación. La que le practicaron a ella, la más habitual, consiste en la escisión del clítoris y parte de los labios menores. La más radical, conocida como circuncisión faraónica, consiste en extirpar el clítoris, los labios menores y luego coser los labios mayores, dejando un pequeño orificio para la menstruación. El procedimiento se hace en grupo, sin anestesia, con nula higiene y utilizando una cuchilla o un trozo de vidrio. Si la mujer tiene la suerte de sobrevivir le esperan infecciones, relaciones sexuales en las mueren de dolor, menstruaciones que son un calvario, problemas al dar a luz, quistes y esterilidad.

 

La práctica aberrante tiene un solo fin: el control de los deseos y las conductas sexuales de las mujeres. Los miembros de las comunidades que realizan la ablación de clítoris creen que disminuye la posibilidad de relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales femeninas, y elimina el riesgo para los hombres de criar descendencia que no es suya. Además, su marido, el día que se casan tiene el desagradable privilegio de ser él quien le quite los puntos de sutura. La mutilación genital femenina viene asociada a modelos culturales de feminidad y recato, portadores de la idea de que las niñas son puras y hermosas una vez que se eliminan de su cuerpo aquellas partes que se consideran impuras.

 

Según Naciones Unidas 200 millones de mujeres de todo el mundo han sufrido la extirpación o lesión de sus órganos genitales por razones no médicas. Por año, tres millones de niñas menores de 12 años son laceradas.