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La sombra de Alsina

Escrito por el 14 abril, 2020

Por: Leo Fusero

Después de cometer el error de pagar 248 millones de dólares en intereses de deuda durante la pandemia global, el gobierno tomó una medida de sentido común al indicar que no pagará deuda en ley extranjera por un monto cercano a los 10 mil millones de dólares, cuyos vencimientos en Abril y Mayo, sin coronavirus, eran de todas formas de cumplimiento imposible. Otro error, de más difícil deglución, fue el exponer al grupo de riesgo de los mayores a largas colas para cobrar sus jubilaciones junto con el grupo de beneficiarios de asignaciones sociales. A este error no forzado lo llevaron el desconocimiento de parte del gobierno de la realidad fuera de Palermo, la baja o nula inversión de los bancos en infraestructura que permita, por ejemplo en Virrey del Pino, atender una población de 200.000 habitantes, de los cuales el 70% cobra algún beneficio social, con dos cajeros automáticos, y la permanencia dentro de posiciones estratégicas dentro de la administración nacional de macristas de pura cepa, como Edgardo Podjarny, actual subdirector ejecutivo del FGS, que fue superintendente de Seguros de la Nación durante el macrismo, Cynthia Lirusso, actual directora de servicios y suministros de ANSES, quién fue directora nacional de Inclusión en la Agencia Nacional de Discapacidad hasta diciembre 2019 o Berenice Vampa, ex directora de RR.HH. de ANSES, desde donde migró al Banco Nación hasta 2019 y retornó como directora al organismo. Esta última tiene el agradable pedigree de haber despedido y sumariado a los trabajadores del organismo en 2016. Afrontar la calamidad económica por venir con parte del elenco de delincuentes que destruyeron la nación en cuatro años no parece ser una política aconsejable, dada la profundidad del cimbronazo que se aproxima. El JP Morgan, el banco más grande del mundo, indica que la caída para argentina entre marzo y abril será del 17% de su PBI. En Diciembre del 2001 fue 3,5%, y solo como comparativo Siria, en guerra civil, con 50% de pobreza y 50% de desocupación, diez millones de refugiados y 200.000 muertos, pierde 10% por año. La salida de la megacrisis va a estar condicionada por la bomba bacteriológica denominada Brasil, que comienza a arrepentirse de votar un mesiánico como presidente. La agencia de sanidad inglesa que consiguió hacer desistir a Boris Johnson de su política de ignorar la pandemia y poner al país en cuarentena informó que espera más de un millón de muertos en Brasil si no modifica su política sanitaria. Ese colapso social va a tener su inevitable correlato en el plano económico, que impactará en Argentina dado que el Brasil es su principal socio comercial, y representa el 30% de su comercio internacional. La pandemia también reveló las mentiras globales de la cooperación entre países, con escenas dantescas donde Francia le roba un cargamento de barbijos a Italia, el gobierno español compra 9.000 test para COVID-19 a una empresa no autorizada para fabricarlos, o Estados Unidos retiene en Miami 600 respiradores con destino Brasil. Cómo será el mundo a futuro lo informó la cuarta flota de la marina estadounidense, que realizó el despliegue militar más grande de los últimos treinta años frente a Venezuela, con la excusa infantil de combatir el narcotráfico y el mismo JP Morgan, al informar que prevé  una caída del 13% del PBI de los Estados Unidos, donde en dos semanas diez millones de personas perdieron el empleo.

La crisis social, económica y de desocupación va a impactar de lleno en los presupuestos nacionales y provinciales, que de por sí ya venían  ajustados por la debacle macrista, pero sobretodo el impacto más directo lo sufrirán los Municipales. Salvo la Ciudad de Buenos Aires, que por todo concepto contará con un presupuesto cercano a los $600.000 millones de pesos, el resto de los partidos, como ser La Plata, La Matanza o Avellaneda, no contarán con más de $10.000 millones. Cumpliendo el sueño húmedo de los unitarios como Valentín Alsina, la Ciudad de Buenos Aires, que tiene la misma población desde hace más de sesenta años (3 millones de habitantes), y que no requiere de un metro de asfalto, cloaca o agua potable ya que todos sus habitantes gozan de esos servicios desde hace décadas, cuenta con un presupuesto que es 45 veces mayor al de La Matanza, que tiene la misma superficie que la ciudad y la mitad de la población. Solo el presupuesto que la ciudad utiliza en el “cuidado y mantenimiento de plazas” equivale al que tiene La Matanza o Avellaneda por todo concepto. Solo la gran gestión de intendentes como el de Avellaneda proporciona el milagro que Larreta, con la billetera llena, no consigue. El Municipio de Avellaneda le provee de un kit de cuna y ropa a cada recién nacido, les entrega a todos los alumnos de primaria mochilas, zapatillas y guardapolvos al inicio de cada año escolar. A su vez les entrega, en menos de una semana, anteojos a aquellos que no hayan pasado el análisis visual que se les realiza a todos los alumnos. Los de primer año de secundaria reciben su computadora, junto con bicicletas rodado 20, que deben devolver al llegar al quinto año, a cambio de una rodado 26 que les queda en propiedad definitiva. Todas las escuelas cuentan con calefacción en invierno y aire acondicionado en verano, gimnasios equipados, baños de diseño e incluso fueron provistas de espejos, elemento con que muchos alumnos no cuentan en sus casas. El Municipio bajó la mortalidad infantil del 14 al 9 por mil gracias a programas de cuidado de la primera infancia, provisión de agua potable y eliminación de zanjas al aire libre. En materia de seguridad paga el combustible de los 41 patrulleros de la Policía de la Provincia que el gobierno del Ada Buena Garchada le entregó en cuatro años, mientras que en el mismo período de tiempo a Lomas de Zamora le dio 230 y a Lanús 162. Mientras la Ciudad tiene ocho veces más policías que el Municipio, en los últimos cuatro años, el gobierno provincial aumentó la cantidad de policías destinados a Lomas de Zamora 392, a Lanús en 340 mientras y Avellaneda se contentó con 17. Todo hecho con el 0.02% del presupuesto de la Ciudad Pro, que no provee ninguno de los derechos que otorga Avellaneda. Que el problema es de asignación de recursos lo demuestra la pésima gestión del Pro. Mientras la ciudad de Buenos Aires, desde 1949 a la fecha solo aumentó sus habitantes en 200.000, el conurbano lo hizo en 10 millones, que se hacinan en barrios precarios, transformados en tierras ingobernables.  A pesar de ello Macri le aumentó la coparticipación en 2 puntos, que le restó a la Provincia de Buenos Aires. Solo el boludo que se ilustra por memes puede creer en la eficiencia de Larreta, el último con vida de la saga de imbéciles de alta gama que asaltaron al país, pero que con protección de propios y extraños no solo retuvo el poder de la ciudad más importante del país sino que intentará, con altas probabilidades de éxito, ser presidente en el corto plazo.



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