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Al grito de Santiago

Escrito por el 27 noviembre, 2019

Leo Fusero nos trae la columna semanal de Economía en Cartón: Detrás del Humo del Choripan, con un amplio análisis del contorno político argentino.

El despegue de la economía argentina no será simple. La debacle de los cuatro años del felino y su banda de saqueadores de doble apellido deja estragos en todos los frentes de la actividad económica. El uso de la capacidad instalada industrial cayó por debajo del 60% y acumula un descenso de 17 meses consecutivos, lo que sitúa al sector en el mismo nivel del 2001. Uno de los sectores más afectados es el sector automotriz con una utilización de solo el 37,4% de su capacidad, seguido de la industria metalmecánica (40%), las sustancias y productos químicos (47,7%), los productos de caucho y plástico (51,3%) y la edición e impresión (57,5%). Modificando lo que sucedía en años anteriores,  esta vez,  de los 14 sectores que revela el Indec, los 14 presentaron caídas, informando que no hay sector que pueda mostrarse como brote verde y que lo real es que el macrismo deja terreno arrasado y con altas dosis de glifosato en el ambiente. La caída de la demanda interna, las altas tasas de interés especulativas y la devaluación del peso frenó en seco la poca actividad económica que sobrevivía al jinete del Apocalipsis amarillo. Incluso las empresas que tienen sus mercados en el exterior (Techint, Aluar) presentan caídas de cinco puntos respecto al año anterior. La industria es el principal generador de empleo privado de calidad, y la información de que su capacidad instalada está a la mitad no implica que los dueños de las máquinas las tienen tapadas con nylon esperando la reactivación económica, sino que muchas de esas máquinas han salido del circuito productivo para no volver. No es lo mismo una empresa que está funcionando a la mitad, pero funcionando al fin, que otra que ha cerrado sus puertas definitivamente. A su vez el conocimiento de los 200.000 trabajadores industriales que fueron despedidos en estos últimos cuatro años no se recupera en pocos meses. El capital humano, como lo denomina la ciencia económica, es un agregado de conocimientos que no se genera en instantes, requiere mucha inversión pública y privada y se destruye fácilmente. El contexto económico de la región, principal eje de potencial recuperación, es hostil. Brasil, el socio comercial por excelencia, tiene al poder un psicótico mesiánico que ya ha abierto su mercado a frutas de Oriente, destruyendo las economías regionales de la zona del Valle de Río Negro. A su vez anunció que la entronización de Fernández en el poder implica que Brasil decida no importar autos de la Argentina, lo que sería el certificado de defunción de gran parte de la industria nacional. Con Chile en armas y la CIA mostrando que aún tiene capacidad operativa para derrumbar gobiernos con su clásica combinación de biblia y balas, Fernández enfrenta un contexto desafiante en lo exterior, mientras que en lo interno no faltarán las voces que le reclamarán por derecha que haga heavy metal con un xilofón, o por izquierda, azuzándolo a que se decida por la revolución armada socialista mientras ellos ponen el aire acondicionado del living en 24º.

  Los medios ya le han mostrado a Fernández que piensan convertirlo en un meme diario, y aún queda esperar el reacomodamiento de los sectores del poder real, que envalentonados por el 40% de desclasados que los votaron van a hacer suya esa verdad de que no hay nada más brutal que un derrotado. El mundo al que Fernández se asoma tiene otra variante que el primer kirchnerismo no conoció en sus inicios, pero que tuvo un rol relevante en su derrota: la presencia omnímoda del capitalismo de vigilancia. El poder real cuenta hoy con herramientas que le informan en tiempo real sobre los intereses y necesidades de la población y tiene la habilidad de trasformar una mentira en verdad viral en pocas horas. Ese poder está en latencia, esperando  la traducción política de los (por ahora) discursos de Alberto y buscará el anclaje social necesario para condicionarlo y desgastarlo. Al revés del deseo del presidente electo cuando llamó “Héctor” a Magnetto, el poder real no solo le deja una bomba inmanejable desde lo económico/social, sino que está dispuesto a soplar la mecha para acelerar el estallido. Radicalizar las políticas públicas puede ser el resultado del condicionamiento de sus adversarios más que un deseo del futuro presidente. Lo que sí queda claro es que las políticas a tomar requieren coraje y audacia, y no pueden limitarse a pañuelos verdes, a declarar de interés cultural el veganismo en Palermo o a promover una suelta de progres en plaza Francia. Si el futuro no será el ansiado pacto social que promueve Alberto sino más bien un campo de batalla, habrá que recordar la napoleónica sentencia de que la mejor defensa es el ataque. Tirar fuerte para negociar después fue la estrategia que le permitió sobrevivir al primer Néstor, que tenía a su lado este segundo Alberto. Cojones no parecen faltarle, será la fuerza de sus puños, cuando tire las primeras trompadas, lo que decidirá si la pelea dura 12 rounds o menos, si se gana por puntos o por knock out, y si al bajarse del ring lo hace golpeado pero con el cinturón colgando, o en camilla.


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