Canción actual

Title

Artist

Siguiente programa

EL BONDI

09:00 12:00

Siguiente programa

EL BONDI

09:00 12:00


Langostas

Escrito por el 5 noviembre, 2019

Leo Fusero nos trae la columna semanal de Economía en Cartón: Detrás del Humo del Choripan, con un amplio análisis del contorno político argentino.

Hasta el 2015 funcionó una comisión bicameral en el Congreso Nacional que tenía como función la investigación y control de todo lo referido a la deuda externa. A pesar de contar con apoyo político, no generó ningún tipo de resultado. La necesidad de hacer arqueología sobre la deuda pasada encuentra ahora un nuevo significado, ya que luego de que el resultado electoral haya enviado al basural de la historia a la plaga que azotó el país por cuatro años, tomar como deuda legítima los negociados de un grupo de mafiosos de doble apellido sería traicionar la voluntad popular, condenar a generaciones futuras a pagar delitos que no cometieron y violar el acuerdo democrático sobre la transparencia en la gestión de los dineros públicos. El gobierno saliente tuvo la excentricidad de tener un ministro dedicado exclusivamente a endeudar groseramente el país, Luis Caputo, que colocó deuda utilizando servicios de bancos amigos, seleccionados a dedo, sin licitación previa ni concurso. Además les permitió quedarse en posición de “underwriter”, lo que les habilitó jugosas ganancias al quedarse con bonos altamente demandados en la colocación original, y venderlos al día siguiente a mayor precio. En vez de abrir la subasta a todos los interesados, Caputo les vendió los bonos a un grupo de bancos que al día siguiente los revendían con altísimas ganancias. Una semana después del acuerdo con el FMI, Caputo emitió los títulos de deuda llamados BOTE por 3 mil millones de dólares, cuyo lanzamiento no fue anunciado el día anterior como es costumbre y que solo tuvo cuatro horas de ventana de suscripción. El 75% de los bonos lo compró el fondo de inversión Franklin Templeton, que también tiene el 46% del bono a 2021, el 45% del bono a 2022 y el 57% del bono a 2026. Comprar ingentes cantidades de deuda a un país que pide un rescate al FMI porque no puede pagarla solo en compresible si se tiene el dato que Gustavo Cañonero, el representante de Templeton en Argentina al momento de comprar los bonos, pasó a ser Vicepresidente del Banco Central semanas después, y sobrevivió a la salida de Caputo del Banco Central, manteniendo su función hasta el día de hoy. Fue la comisión de Valores e los Estados Unidos la que denunció que el BOTE tenía lo que en la jerga se llama “reverse inquiry” que es cuando el emisor le consulta al futuro comprador que características quiere que tenga el bono, o sea, se lo hace a medida. Solo hasta 2018, este tipo de trapisondas les generó ganancias por comisiones a los bancos por 610 millones de dólares mientras las reservas del Banco Central cayeron desde las PASO ya más de 20 mil millones.

Si no se investiga y se la asume como deuda legítima, el país deberá pagar en los próximos cuatro años 120 mil millones de dólares de deuda, en 2019 40 mil millones, en el primer semestre de 2019 27.400 millones y solo en diciembre 1.300 millones, que es la deuda reperfilada por Macri que venció en septiembre pero que se aplazó para diciembre. Esos números, para una economía de la escala argentina, resultan absolutamente impagables, lo que asegura la necesidad de renegociación de plazos y tasas. Pero todo ejemplo histórico de renegociación de deuda, sea en Uruguay o en Ucrania, vino acompañado de un brutal ajuste fiscal. En Uruguay los empleados públicos tuvieron que dedicar el 10% de su salario al pago de intereses de la deuda, medida impracticable en un país donde desde que se firmó el acuerdo con el FMI la pobreza aumentó del 29 al 40%, sometiendo a 3.600.000 personas de clase media a condiciones paupérrimas y que carga hoy con 17 millones de compatriotas en la miseria. Las huellas del clan Macri están tan visibles en los negociados que una acción judicial contra los bandidos que generaron el defalco y que tenga posibilidades ciertas de cárcel haría más simple la negociación de la deuda, lo que seguiría siendo atractiva en un mundo que vuelve a tener tasas de interés cero o negativas. Pero para combatir la plaga es ridículo que se escuche a las langostas, ya que posiciones extremas como el no reconocimiento del total de la deuda propuesto por la izquierda desataría un proceso de hiperinflación de consecuencias impredecibles, lo que hace recordar que si los troskos no existieran la CIA los inventaría. A la inflación ya descontrolada aún le queda el reestablecimiento del IVA a la canasta básica ordenado por la Corte Suprema, el descongelamiento del precio de los combustibles que hoy tienen un atraso del 30% y el retraso en aumentos de precios de algunos servicios como telefonía y prepagas que Macri congeló por tres meses como medida electoral. Incluso con el poder político dispuesto a dar la batalla no sería extraño el reconocimiento legal de esa deuda, ya que la historia judicial argentina tiene cientos de ejemplos donde el poder judicial actuó en defensa de los intereses de las minorías, como cuando declaró inconstitucionales los tribunales de trabajo creados por Juan Perón. Defender bandidos o sindicarlos y hacerles pagar por una vez sus atracos es el mayor desafío que enfrenta la sociedad argentina si quiere despegar de la pesadilla recurrente de la plaga de langostas.


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *