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Macrocefalia

Escrito por el 15 octubre, 2019

Leo Fusero nos trae la columna semanal de Economía en Cartón: Detrás del Humo del Choripan, con un amplio análisis del contorno político argentino.

 

Al final del 2015, la Argentina ocupaba el puesto 51 entre un total de 183 países en el ranking del Banco Mundial. En la región, supo liderar las mediciones de PBI per cápita por casi dos décadas. Bastaron solo cuatro años de Macrismo para que quede relegada al sexto puesto en el plano latinoamericano, superada por Uruguay (USD17.278), Trinidad y Tobago (USD 16.844), Chile (USD 15.923), Panamá (USD 15.575) y Costa Rica (USD 12.027). Hoy, el PBI per cápita de la Argentina es 9% inferior al de 2011. Retrocedimos diez años mientras que en mismo período, economías latinoamericanas como Chile, Colombia, Perú o Paraguay registraron una suba acumulada del PBI per cápita promedio del orden del 20%.  Solo para compararnos con lo más parecido, el hermano rioplatense no ha parado de crecer y su economía viene avanzando a una tasa promedio anual de 4,8% en los últimos 15 años. Tiene una inflación baja y controlada, que permitió que la pobreza pasara de 40% en 2003 a 8% en la actualidad. Argentina, aun creciendo entre 2020 y 2023 al 3% anual en forma constante, al final del próximo mandato presidencial no volvería al PBI per cápita de 2011. El país sigue siendo macrocefálico. Su población se amontona en el Gran Buenos Aires, donde vive el 33% de sus habitantes en menos del 1% del territorio nacional. El mismo sinsentido se da en su desarrollo económico, con la provincia de Buenos Aires generando el 32,3% del producto y CABA el 19,1%. Es decir que entre ambas superan la mitad del producto, mientras La Rioja genera apenas 0,6%, Formosa 0,8%, Catamarca 0,8%, La Pampa 0,8%, Tierra del Fuego 1%, San Luis 1%, Jujuy 1,1%, Santiago del Estero 1,1%, San Juan 1,3% y Corrientes 1,4%. Pero incluso en provincias menos poderosas, la generación de riqueza por habitante es muy alta. Tierra del Fuego comparte US$ 35.000 de PBI per capita con  CABA, seguida por Santa Cruz con US$ 30.000, Neuquén US$ 25.000 y Chubut con US$ 20.000. Si la riqueza fuera igualitariamente distribuida, un habitante de CABA o de Tierra del Fuego tendría el mismo nivel de vida que un alemán, ya que el PBI per capita de Alemania es de US$ 41.000, y los habitantes de Santa Cruz, Neuquén y Chubut vivirían mejor que un italiano, con US$ 30.000, y mucho mejor que en España con US$ 26.000 o Portugal con US$ 19.000. En promedio la Argentina tenía un PIB per cápita de US$ 12.500 pero provincias como Misiones, Corrientes, Formosa, Santiago del Estero y Tucumán apenas superan un ingreso per cápita por encima de los US$ 5.000, más bajo que el de Perú, que tiene uno de US$ 6.000. En los últimos diez años el crecimiento fue de 0,5% dejando en claro que es el estancamiento del país lo que trae sus niveles de pobreza y de desempleo.
El país tiene una nueva joya en Neuquén, que hoy supera a Mendoza como porcentaje del PBI nacional y se ubica cuarta detrás de Buenos Aires, Santa Fe (8,3%) y Córdoba (7,7%). Su éxito se debe a Vaca muerta. También crece en empleo, ya que Neuquén contaba con 121.135 trabajadores registrados privados en el primer trimestre de 2019, un 3,6 por ciento más que en el mismo periodo de 2018, es decir 4.258 mil empleos más. Pero repite el mismo ciclo de apropiación de fuentes de riqueza naturales, ya que si bien su PBI per cápita supera a Italia y España, tiene un 27 por ciento de pobreza. Provincias ricas con poblaciones pobres son el resultado de concentrar la producción en materias primas sin valor agregado, y que su explotación quede en pocas manos. Como ejemplo histórico basta mirar a la otrora poderosa Córdoba. Basada en un gran poder industrial, con sus automotrices de más de diez mil empleados, la metalmecánica y la producción de maní, Córdoba era la primer provincia de Argentina en PBI per cápita al inicio de los años 70. Con su industria arrasada y la sojización del campo, hoy tiene el puesto 9. A pesar de ello, es la única provincia importante donde ganó Macri en las PASO, lo que demuestra que su población sigue sin entender que es justamente el modelo de producción primaria lo que la llevó a la debacle. La otra provincia donde ganó el macrismo es Jujuy, que bajo la gestión Morales solicitó créditos que ahora no puede devolver.  El 90% de su deuda esté pactada en moneda extranjera y se encamina a una crisis de pagos. Sin reservas naturales como Vaca Muerta, quizás Jujuy tenga su commodity salvador en la marihuana que la empresa Cannabis Avatãra Sociedad del Estado (Cannava S.E.), presidida por Gastón Morales, el hijo del gobernador de Cambiemos, plantará en el mayor cultivo de cannabis del mundo. El Estado le concede a titulo gratuito 14.000 hectáreas de la estancia estatal conocida como El Pongo, a 30 kilómetros de la capital de Jujuy.  Aprobado en trámite express por el Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich, al mismo tiempo que le niega el permiso para cultivar marihuana a los laboratorios de las Universidades Nacionales y a las madres de Mamá Cultiva que intentan paliar las dolencias de sus hijos, la provincia busca convertirse en el principal productor de cannabis del mundo, ya que su producción será 1000 veces más grande que la mayor granja legal de marihuana en los Estados Unidos. Mientras miles de jóvenes pobres y en situación de vulnerabilidad social son encarcelados y procesados diariamente por las fuerzas policiales por tenencia para consumo de marihuana en mínimas dosis, el hijo de Morales cultiva toneladas, lo que deja bien en claro que el pensamiento de la diputada electa, filósofa, estadista y científica del pete Amalía Granata es válido para las clases dominantes. Una cosa es legalizar el consumo de marihuana para el que tiene un departamento en Palermo y se fuma un porro para pasarla bien y otra cosa es el que fuma la misma sustancia pero vive en una casa de chapa. 


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